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Patrimonio cultural inmaterial
Elementos representativos de los patrimonios de las comunidades que habitan el territorio. Ver más

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Corresponde a aquellos usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que los colectivos, grupos o personas reconocen como su patrimonio cultural y se transmiten de generación en generación. En 2008 Chile ratificó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (Unesco, 2003), reflejo del compromiso estatal por fortalecer una comprensión más amplia de este acervo.

El Registro del Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile responde a las indicaciones que la convención hace a cada Estado Parte. Por ello, enumera y describe los patrimonios culturales inmateriales de las comunidades que habitan el territorio nacional y/o se encuentran en riesgo.

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Canto campesino de la región del Maule
El canto campesino ha acompañado históricamente las festividades campe...
07EPC-151
Conocimientos y técnicas de los alfareras y alfareros de Santiago Río Grande
La alfarería de Santiago Río Grande es un conjunto de saberes y técnic...
07EPC-152
Arpilleristas de la Región Metropolitana: Técnicas y saberes asociados a la narración visual e imaginarios comunitarios
https://www.sigpa.cl/ficha-elemento/media/upload/elementos/Imagen7.jpg
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Tradición de salineros y salineras en Cáhuil, Barrancas, La Villa, Lo Valdivia y Yoncabén
07EPC-16
Tradición de las Cruces de Mayo afrodescendientes en los valles de Azapa, Lluta y Acha
Las Cruces de Mayo son parte de las tradiciones de las comunidades afr...
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Técnicas y saberes asociados a la práctica arriera y criancera de la cordillera de Antuco
En un lugar cordillerano de comuna de Antuco, en la región del Biobío,...
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Alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca
La alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca es una técnica artesa...
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Recolección y ruta del cochayuyo desde los sectores Pilico, Casa de Piedra, Danquil y Quilantahue hasta Temuco
07EPC-193
Modo de vida asociado a las labores del campo en Torres del Paine
El modo de vida en las estancias de la comuna de Torres del Paine es u...
07EPC-194
Danza cachimbo de las comunas de Pica, Huara y Pozo Almonte
El Cachimbo corresponde a una práctica tradicional propia de la región...
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Tejido en Crin de Rari y Panimavida
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Técnica de la cuelcha o trenzado en fibra de trigo en el secano interior del Valle del Río Itata
La cuelcha es una trenza o tejido elaborado con fibras de paja, de ent...
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Carpintería de Ribera en la región de Aysén
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Canto campesino de la región del Maule
El canto campesino ha acompañado históricamente las festividades campesinas, identificándose con las vivencias del campesinado pobre, teniendo entre sus temáticas el territorio, las faenas agrícolas y especialmente, el amor y desamor, lejos de una mirada idealizadora, sino una contemplativa y realista. Es identitario de la zona de Chile central. ​​Las cantoras, normalmente mujeres pertenecientes a las mismas comunidades, han alegrado celebraciones comunitarias, convirtiéndose en elemento central de sociabilidad campesina y en vehículo de transmisión de tradiciones. En su figura se mezcla la creación y el aprendizaje, recreando y recopilando parte de las tradiciones orales que las caracterizan como comunidad. Han recibido este conocimiento, la mayoría de las veces, desde las mujeres de la familia, logrando a través de la imitación el uso de la guitarra traspuesta, las afinaciones características y sus toquíos personalizados. Tradicionalmente el canto campesino es descrito como una práctica de mujeres, en las generaciones más jóvenes es posible encontrar hombres. El canto campesino se mantiene vigente, creándose y recreándose constantemente, en mateadas, celebraciones comunitarias, festividades locales y encuentros de cantoras, teniendo la autogestión y la sociabilidad comunitaria un rol central en su permanencia.​ En general se realiza mde manera individual, aun cuando dentro de una misma familia puedan existir varias/os que compartan el saber. ​Si bien es conocido el hecho de que existe también en otras regiones, para este caso la comunidad se conforma por 47 cantoras y cantores, principalmente del campesinado de la zona central, quienes cultivan y transmiten esta tradición, identificando exponentes con edades que van entre los 14 y los 90 años . ​“…Es la tierra, por eso es que el canto campesino tiene un valor y un sentido tan grande, porque tiene sentido de vida...” Mauricia Saavedra​​“Mientras canto voy viviendo la letra en el espíritu...” Jaime Garrido​
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Conocimientos y técnicas de los alfareras y alfareros de Santiago Río Grande
La alfarería de Santiago Río Grande es un conjunto de saberes y técnicas de larga data en el territorio Licanantay de la región de Antofagasta y cuya vinculación con Santiago de Río Grande y sus alrededores le entrega un acervo cultural que le infunde el simbolismo de los usos sociales y rituales que emergen de los valores andinos.Las labores que abarca involucran la recolección del material de lugares específicos -muchas veces en estado “seco”-, su limpieza, la confección de las piezas incluyendo modelados manuales, pulidos y decorados para finalizar con la cocción cuya forma tradicional es con costras de guano. Cada uno de los pasos es ejecutado con ritos y agradecimientos a la tierra, expresando un universo simbólico de relación con la naturaleza caracterizado por el respeto y la reciprocidad.Las piezas principales son objetos ceremoniales (como cántaros chicheros) y otros de uso cotidiano (platos, tazas, entre otros), aunque la creación también deja espacio para la innovación e inventiva de cada cultora y cultor, abriéndose a la producción decorativa y turística.La recolección de barro se realiza en distintas vetas del territorio, reconociendo las características particulares de cada uno, como los distintos colores (algunos son más claros que otros, hay negros, cafés y rojizos), presencia de polvos metálicos como el oropel, texturas, entre otras cualidades constituyendo un saber del entorno natural que cuidan con recelo. Santiago de Río Grande se caracterizó po...
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Arpilleristas de la Región Metropolitana: Técnicas y saberes asociados a la narración visual e imaginarios comunitarios
https://www.sigpa.cl/ficha-elemento/media/upload/elementos/Imagen7.jpg
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Tradición de salineros y salineras en Cáhuil, Barrancas, La Villa, Lo Valdivia y Yoncabén
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Tradición de las Cruces de Mayo afrodescendientes en los valles de Azapa, Lluta y Acha
Las Cruces de Mayo son parte de las tradiciones de las comunidades afrodescendientes que habitan los valles de Arica y corresponden a una expresión importante de su historia personal y territorial. Para ellos y ellas es una instancia de conexión con sus tradiciones religiosas y de autoidentificación con un legado común heredado de sus ancestros y ancestras. Tal como su nombre lo indica, se efectúan mayoritariamente en el mes de mayo y tienen por finalidad pedir por el bienestar de sus parientes, amistades y la buena producción de las chacras.En sí son cruces de madera puestas en altares que las familias, en tiempos remotos, colocaron en las laderas de los cerros de Azapa, Lluta y Acha y que suelen ser ornamentadas con fundas, estolas y flores, además de pintadas tradicionalmente de color verde, mientras que el altar que se emplaza en la ladera de un cerro puede tener un arco de ramas de sauce o palma, velatorios, luminarias y/o se puede encontrar rodeado de un camino ritual y restos de las celebraciones que se hacen en honor a la cruz, como los son fogatas, velas y luminarias colocadas en el suelo del cerro formando una cruz. Se caracterizan por realizarse en diferentes sectores de los valles y están asociadas a costumbres que pueden ir variando según la tradición de la familia que la celebra, siempre teniendo en común la fe a la cruz. En ella converge la relación que la comunidad tiene con la cruz y el espacio en donde está emplazada, los canticos de los “cantores a las cruces”, las decoraciones, la tradición histórica que las mujeres y hombres afrodescendientes tiene con los valles y la vida comunitaria. Igualmente, es posible apreciar la participación de personas de todos los grupos etarios, compartiendo en locales adaptados para la celebración de la cruz, lugar donde se comparten bebestibles de todo tipo y alimentos. Aunque tiene su día principal el 3 de mayo, con misas y bendiciones de parte de un cura en el pueblo de San Miguel de Azapa, las familias suben y alumbran la cruz en diferentes días del mes de mayo o incluso junio, llegándose a advertir la realización de los festejos desde la carretera al divisar las luminarias para la cruz, el fogón para capear el frio y las personas que la acompañan.Los preparativos comienzan subiendo a los cerros para bajar la cruz. La comunidad habilita un espacio en una casa o local para armar un altar en donde se colocará una vez finalizada su limpieza, pintado y ornamentación de acuerdo a las costumbres de cada familia. Finalmente el día en que la cruz es retornada al altar, cada familia hace una peregrinación nocturna con bandas de bronce o grupos de zampoñeros, cantos, faroles y linternas hasta llegar al altar, donde será colocada nuevamente. Allí las personas de la misma familia encienden más de 200 luminarias con forma de cruz y las 3 marías en el cerro. En torno a ésta se realizan cantos, misas, bandas de bronce, la preparación del tradicional picante de mondongo, chocolate caliente y queque para niñas y niños, la fiesta o bailable comunitario y en ocasiones también la presencia de grupos de tumbe. En algunos casos las y los integrantes de mayor edad de cada familia le bailaran 3 pies de cueca o zamacueca a la cruz. Mientras tanto, la cruz será visitada por familiares y amigos, recibirá la entonación de canticos por parte de cantores de cruces y será el principal motivo de reunión de varias familias de los valles de Arica. Es difícil cuantificar la cantidad personas que se encuentran asociadas a las Cruces de Mayo, principalmente porque convergen varios saberes y porque en la preocupación de la realización de las tradiciones asociadas a ella concurren varias personas que pueden tener multiplicidad de funciones. Sin embargo, en este caso en la Asociación de Cruces de Mayo se contabilizan 19 cruces que se reparten entre los valles de Azapa, Lluta y Acha: Baluarte y descendientesTomasa Baluarte y descendientesJulia Corvacho Ugarte y descendientesFamil...
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Técnicas y saberes asociados a la práctica arriera y criancera de la cordillera de Antuco
En un lugar cordillerano de comuna de Antuco, en la región del Biobío, el frío, los fuertes vientos, la cordillera, la flora y la fauna brindan gran parte de la identidad de una comunidad de personas que realizan una actividad ancestral: la práctica arriera y criancera. Esta actividad tiene sus orígenes hace cientos de años, desde la trashumancia de los primeros grupos humanos que, bajo diferentes condiciones como las características de sus suelos de origen volcánico inservible para la agricultura, vieron en la ganadería de baja escala el oficio que les permitiera sobrevivir en estos parajes a lo largo de la historia, como una manera de sustentar el alimento para la familia; es así como el ganado era llevado por el arriero hacia zonas cordilleranas en búsqueda de mejor alimento en épocas de calor. La práctica arriera es, en palabras simples, “mover al ganado de un lugar a otro en búsqueda de alimento”. Este movimiento, específicamente de bovinos, ovinos y caprinos, se realiza en los meses de verano, época en que los arrieros suben hacia parajes cordilleranos denominados veranadas, compuestas por miles de hectáreas donde se trasladan los animales a alimentarse de mejor forraje para su posterior comercio o consumo propio. Resultado de la constante interacción con la naturaleza, los arrieros a lo largo de los años han adquirido acabados conocimientos cordilleranos heredados mediante transmisión oral, que les han permitido dominar saberes meteorológicos asociados a la interpretación del entorno natural para predecir el comportamiento del tiempo, siendo el viento de cordillera o “puelche” señal importante de olas de calor o lluvia, ya que el clima extremo de la cordillera incidirá en las actividades que se realizarán: cuidado de los animales, horas de pastoreo, veranadas que se ven marcadas por las primeras tormentas del año, incluso con caídas de nieve que limitan en gran medida el arreo por lo que indican que es momento de bajar de la cordillera; los conocimientos geográficos, de identificación de lugares, rutas o ubicaciones clave para trasladar al ganado o tener acceso al agua, siendo la “huella arriera” los caminos surcados durante generaciones de familias. Los caminos hacia la cordillera son complejos, hay altas cumbres cortadas por pendientes, por lo que existen dificultades donde los arrieros deben tener especial cuidado para que su ganado pueda llegar a salvo a los sitios de descanso. Y por último, la utilización de hierbas para sanar alguna afección humana o animal, El vínculo con los animales implica saberes en su cuidado y estado de salud, vacunas, control de enfermedades y plagas. Dentro de esta interacción constante y los conocimientos adquiridos con la experiencia, es relevante esa relación de diálogo, de conexión profunda con un territorio cordillerano que los nutre y protege, donde existe un lazo familiar e histórico, puesto que muchos arrieros de épocas pasadas transitaron por esos mismos caminos, habitaron las mismas veranadas, pasaron calor extremo y bebieron agua de las mismas vertientes.Arrear es una actividad solitaria y mayormente masculina, en la que el arriero montado en su caballo, sus perros pastores, y en ocasiones una mula de apoyo, replican todo lo que desde la edad de 7 u 8 años veían y escuchaban hacer a sus padres o abuelos, transformándolo paulatinamente en parte de su identidad, forma de vida y subsistencia.
07EPC-177
Alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca
La alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca es una técnica artesanal, cuyo conocimiento se transmite de forma intergeneracional a través de una socialización femenina dentro de un contexto de transmisión por línea materna. Este aprendizaje ocurre durante la infancia dentro del espacio doméstico como producto de un aprendizaje observacional basado en los lazos de parentesco y en la identificación con los congéneres. Las cultoras adquirieron el conocimiento observando a las integrantes de sexo femenino que formaban parte de sus familias: madre, abuela, tía, etc., generando implícitamente una conexión de maestra/aprendiz.Para el desarrollo de esta técnica, es necesario conocer las 16 etapas que componen el proceso de elaboración de una figura. Para esto, las cultoras deben poseer conocimientos vinculados a su entorno y recursos naturales, puesto que las materias primas son extraídas de diferentes zonas de la localidad. Como también debe existir un dominio de la preparación de las materias primas, temperatura del fuego y al frío que se exponen las piezas durante las etapas de fabricación.Su principal característica es que es un proceso manual, no en serie y sin la intervención de nuevas tecnologías, por esta razón ninguna pieza es igual a otra. Las cultoras fabrican su loza durante todo el año, aunque en algunos casos es el clima el que regula el ciclo de creación, ya que durante los meses de invierno, debido a las bajas temperaturas, las cultoras evitan el contacto con la greda. Además, a través de la creación, las artesanas recrean los elementos más significativos de la ruralidad y del entorno en el cual ellas están insertas, de esta manera sus figuras son la representación de un imaginario campesino.En sus inicios esta alfarería fue utilizada como un medio de subsistencia, el que permitía a las alfareras obtener alimentos a través de una práctica denominada “conchabar” o trueque. Hoy, esta manifestación está compuesta por una amplia gama de figuras, distinguiéndose dos líneas de trabajo: una, denominada loza chica, decorativa, ornamental o de línea cerrada; y las lozas grandes, utilitarias o de línea abierta. Esta técnica artesanal es una expresión de la creatividad de quienes la practican y a la vez es un generador de identidad, ya sea local o nacional. Documentación
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Recolección y ruta del cochayuyo desde los sectores Pilico, Casa de Piedra, Danquil y Quilantahue hasta Temuco
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Modo de vida asociado a las labores del campo en Torres del Paine
El modo de vida en las estancias de la comuna de Torres del Paine es una herencia cultural de una tradición de alto contenido identitario y un modo particular de habitar el territorio. Se relaciona con las tradiciones y labores de campo vinculadas a la historia ganadera de la comuna y sus estancias, que conforman la esencia de la identidad local. Refiere a un conjunto de actividades rurales en torno a la ganadería de ovinos y bovinos que, geográficamente, se realizan principalmente en las estancias ganaderas de la comuna Torres del Paine, en la región de Magallanes y la Antártica Chilena, y otros sectores de la comuna que antiguamente pertenecieron a estancias como la Villa Río Serrano, persistiendo aún este modo de vida en estos lugares. Los y las habitantes de la ruralidad de esta comuna son quienes cultivan y transmiten este patrimonio inmaterial, cuya principal actividad productiva es la ganadería. Mujeres y hombres generalmente han nacido en el campo, rodeándose de sus tradiciones y aprendiéndolas por generaciones en el entorno familiar o entre pares, en la cotidianeidad del trabajo. Sus saberes y conocimientos son altamente complejos y especializados tanto en los oficios tradicionales colectivos como individuales. Algunos de estos son la talabartería, el herraje, el bagualeo, el adiestramiento de perros, el amanse, la artesanía en lana, labores de campo que se desarrollan a diario en el trabajo de las estancias, o en tiempo de descanso. Tienen distintos roles como: ovejero, puestero, campañista, cocinero; realizan distintas labores, entre ellas el arreo, el adiestramiento de perros ovejeros y vaqueros, el amanse de caballos, la esquila, la señalada, el alambrado, además de técnicas artesanales como la talabartería y artesanía en lana de oveja. Ellos y ellas también comparten historias, memorias, saberes ancestrales y contemporáneos, tecnologías, herramientas, arquitectura mayor y menor, un léxico particular, vestuarios, usos y costumbres, de adaptación creativa a geografías y climas extremos, usos festivos y religiosos, gastronomía, producción, conservación y preparación de alimentos, además de otros rasgos culturales y actividades cotidianas como matear y jugar truco, un estilo particular de vestir y un lenguaje “campero”. Gran cantidad de visitantes llegan al Parque Nacional Torres del Paine, poniendo en valor así este modo de vida, por medio del “turismo de estancias”.
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Danza cachimbo de las comunas de Pica, Huara y Pozo Almonte
El Cachimbo corresponde a una práctica tradicional propia de la región de Tarapacá que se encuentra arraigada en las festividades patronales de los poblados que se ubican en los oasis y quebradas tarapaqueñas y del cual no se poseen antecedentes con los cuales señalar que dicho baile y música se haya efectuado de la misma manera y sentido con la que se realiza en Tarapacá, Pica, Matilla, Mamiña u otras comarcas regionales. Su ejecución se reviste de una profundidad histórica que no se puede contener en la memoria colectiva de cultores y organizaciones sociales dedicadas a la práctica del Cachimbo. Aunque no se tiene claro cuál habría sido el origen de este, ni tampoco en donde o quienes lo bailaron por primera vez, si es conocido que esta ocupa un espacio simbólico en la realización de festividades encontrándose casi siempre acompañada por cuecas nortinas, cacharpayas y huaynos otorgando junta a estas otras danzas colorido y alegría a las celebraciones religiosas.El Cachimbo, con respecto a su música, puede ser interpretado en la actualidad por tropas de lakitas y bandas de bronce, sin embargo, las indagaciones hechas demuestran que con anterioridad se habría musicalizado con guitarras, violines, mandolinas, tambores e incluso pianos. Para muchos cultores, el bombo juega un rol importante; ya que este le da el “Aire” y la hace “Salerosa”.Como coreografía, esta es una danza que se realiza en pareja, estos realizan sutiles encuentros acompañados por la música y un pañuelo en la mano, en una secuencia en la cual se alejan y acercan, diferente a la cueca nortina; donde se zapatea y al huayno; en el cual se puede bailar en grupo o en parejas tomadas de la mano y sin pañuelo.
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Tejido en Crin de Rari y Panimavida
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Técnica de la cuelcha o trenzado en fibra de trigo en el secano interior del Valle del Río Itata
La cuelcha es una trenza o tejido elaborado con fibras de paja, de entre tres hasta incluso veinte hebras, realizado principalmente por mujeres denominadas Colchanderas del Valle del Itata, de las comunas de Ninhue, Trehuaco, Quirihue, Portezuelo y San Nicolás. Las técnicas de cultivo y trenzado han sido transmitidas de manera oral y son parte de la crianza en las familias del valle, por lo que no es de extrañar que numerosos hombres también conserven conocimientos de trenzado. Sin embargo, su actividad destaca en la creación de chupallas, sombreros, carteras, bolsos, individuales o cubre mesas, que son confeccionados con máquinas de coser industriales con potencia, aguja, hilo y pie de máquina diferente a la de los textiles de vestuario.Las colchanderas y colchanderos suelen relatar cómo aprendieron a colchar a edad temprana a través del juego y la imitación de sus madres, abuelas, tías y hermanas, por lo que la actividad tiene estrecha relación con la memoria familiar y del hogar natal. Existen diversos tipos de cuelchas, las que se categorizan según la cantidad de hebras o el tipo de trenzado, siendo las más comunes las denominadas de “cuatro pajas”, por ser utilizadas para confeccionar las tradicionales chupallas o sombreros de los campesinos, reconocidas a nivel nacional; y las de “siete hebras”, que sirven para elaborar piezas como sombrerillas femeninas, protectores de mesa, bolsos, paneras, contenedores, etc. El proceso de la cuelcha comienza desde la producción y selección de las materias primas, ya que la fibra de paja utilizada es de variedades de trigo que no destacan por su producción de granos, sino que por tender a la altura de sus tallos. Entre las variedades locales destacan el trigo Colorado, seguido en mucho menor medida por el Blanco-Oregón, Furfuya, Cebolla, Mil quinientos, Legul, y el Milufen. El proceso de cultivo, realizado principalmente por hombres, comienza en el periodo de barbecho entre agosto y septiembre, cuando se requiere preparar la tierra previo al sembrado. Consiste en remover una capa del suelo para que permita el crecimiento del trigo, se suele utilizar arado tirado por caballos o por un tractor, según la cantidad de terreno y la disposición de recursos. La siembra se realiza en mayo luego de las primeras lluvias; y en septiembre se realiza la “Macolla”, que es la aplicación del fertilizante salitre sódico.El día 4 de octubre se ruega a San Francisco de Asís por una buena cosecha a través de la Bendición del Trigo o Cruz de Flores, realizándose una procesión que culmina con ...
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Carpintería de Ribera en la región de Aysén
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